El corte de digestión

Uno de los enigmas más grandes para los niños sobre el misterioso y aburrido  mundo de los mayores es por qué esperar a hacer la digestión para poder bañarse. Con el calor el tiempo se hace eterno para los peques… ¿Me puedo bañar ya?, ¿por qué no me puedo bañar todavía?. Otro grave problema, de cara a nuestros hijos, es que algunos niños no cumplen con esta “penitencia”.  Sol y mucho calor, playa o piscina, tus amigos jugando en el agua y el niño sin poder zambullirse… un verdadero drama!

La digestión dura aproximadamente una hora y media.  El corte de digestión nos puede afectar a todos por igual: cuando el organismo está haciendo la digestión y se sumerge en agua fría, se produce un déficit de sangre en el sistema digestivo, debido a que ésta se desplaza hacia la piel para equilibrar el cambio de temperatura y, entonces, se puede producir un corte de digestión, especialmente si realizamos un esfuerzo físico al mismo tiempo.

Es necesario respetar la digestión, por mucho que pudiera parecer una tortura y tener especial cuidado con los niños. Los síntomas más frecuentes del corte de digestión son mareos, vómitos, calambres, escalofríos, náuseas y sudor. Debemos esperar entre una hora y media o dos horas antes de bañarnos y una vez transcurrido ese tiempo, es recomendable mentalizar a los niños para que se metan poco a poco en el agua para ir acostumbrando al cuerpo, mojándose previamente la nuca, los brazos y las piernas. Seguro que podremos encontrar un montón de cosas divertidas que hacer durante esta espera obligatoria.

Esther Samper, médica de formación e investigadora científica en medicina regenerativa cardíaca, profundiza en este texto sobre el corte de digestión, en un blog publicado en El País.

El corte de digestión: A fondo

Por: Esther Samper | 01 de agosto de 2011

 

¿Tenían razón nuestros padres cuando ponían a prueba nuestra paciencia al obligarnos a no tocar el agua durante horas después de comer? ¿Estaba ese “sufrimiento” infantil justificado? ¿De verdad muere gente por cortes de digestión o es una leyenda urbana? A continuación, profundizaremos en el famoso “corte de digestión” para responder a estas y otras muchas preguntas que hayan podido hacerse sobre este asunto tan veraniego.

A ver, ¿existe realmente el corte de digestión o es el equivalente al hombre del saco de la piscina y la playa?

Para empezar, hay que tener en mente algo muy básico que la cultura popular se ha empeñado en inculcarnos erróneamente: El corte de digestión no existe como tal. Es decir, sí que hay gente que muere todos los años en las piscinas y en la playa por darse un chapuzón poco después de comer, pero no es un corte de digestión lo que ocurre (pese a que puedan aparecer vómitos, la digestión suele seguir funcionando tan campante) lo que ocurre realmente es el síndrome de hidrocución .

El síndrome de hidrocución consiste en la pérdida súbita de conocimiento o la muerte directa de la persona al sumergirse en el agua (no es necesario que entre agua en los pulmones).

¿Por qué se produce el síndrome de hidrocución?

Cuando una persona se zambulle en el agua se dan una serie de reflejos involuntarios y normales en distintos sistemas del cuerpo humano como una adaptación al ambiente marino durante el buceo . A todos los mamíferos les ocurre en mayor o menor medida (especialmente a los mamíferos acuáticos, como los delfines) y los seres humanos, aunque no de forma tan evidente, también lo manifiestan. ¿El sentido de estos reflejos? Mantener al organismo vivo durante más tiempo bajo el agua al disminuir el gasto energético (se alarga así el tiempo necesario para la próxima respiración de oxígeno). La idea está muy bien, y tiene su sentido evolutivo, el problema ocurre cuantos estos reflejos se vuelven extremos hasta el punto de causar la muerte. El hecho, además, de estar haciendo la digestión puede empeorar aún más el resultado final de estos reflejos.

¿Qué mecanismos hay detrás de la hidrocución?

Por un lado, encontramos al reflejo de inmersión, que es un reflejo cardiovascular. Por el mero hecho de sumergir la cabeza en el agua, la frecuencia cardíaca disminuye bruscamente y se produce la contracción de los vasos sanguíneos más superficiales (de la piel sobre todo) para que el cerebro tenga un aporte preferencial de sangre.

En individuos adultos este reflejo no se nota mucho, pero en niños suele ser bastante potente. De hecho, se han informado de bastantes casos por muerte súbita en niños debido exclusivamente a un reflejo de inmersión extremo que provoca alteración del ritmo cardíaco o directamente una parada cardíaca.

El reflejo de inmersión se favorece por la diferencia de temperatura entre el agua y la persona. Cuánto más fría esté el agua y más elevada la temperatura corporal, mayor es el reflejo de inmersión, puesto que otra de las finalidades del reflejo es conservar la temperatura del sujeto. Al contraer los vasos sanguíneos de la piel, la transferencia de calor se minimiza.

El siguiente proceso implicado va a ser la digestión. Consiste en un conjunto de procesos que tienen como fin la obtención de nutrientes a partir de los alimentos. Paradójicamente, cuando nos referimos de forma cotidiana a ‘hacer la digestión’ no nos referimos a todo el proceso, sino sólo a aquel que se produce en el estómago y que puede durar desde minutos a 2-3 o incluso más horas (depende de lo que se ingiera).

Cuando “hacemos la digestión” el estómago recibe los alimentos, segrega enzimas que los degradan y va haciendo una mezcla de todo gracias al importante componente muscular que posee. Cuando ha terminado, el contenido del estómago se vacía en el intestino delgado. Durante todo este proceso, el estómago necesita gran cantidad de oxígeno, que no tiene otro remedio que tomarlo de los vasos sanguíneos.

Por esa razón, cuando estamos haciendo la digestión, los vasos del aparato digestivo se dilatan, para favorecer el proceso. Como consecuencia de ello, otras zonas del cuerpo, como puede ser el cerebro, reciben una cantidad menor de sangre. No es casualidad que tras comidas copiosas nos entre sueño (de ahí la famosa siesta) o nos cueste concentrarnos, los altos niveles de glucosa en sangre inducen el sueño , al actuar a través de intermediaros en el cerebro inhibiendo el estado de alerta, porque el aparato digestivo tiene preferencia en esos momentos.

Así pues, la hidrocución puede darse sólo por un reflejo de inmersión extremo, pero la digestión puede favorecer que se desencadene ya que el cerebro recibe menos oxígeno durante este proceso.

¿Cómo sé si le está ocurriendo a alguien el síndrome de hidrocución?

Básicamente, pueden darse dos situaciones extremas con un síndrome de hidrocución:

-Que se produzca una súbita disminución de la frecuencia cardíaca por el reflejo de inmersión que, junto al proceso de digestión, provoca un insuficiente riego sanguíneo del cerebro dando lugar, en el mejor de los casos a palidez, mareos y vómitos y, en el peor, a una pérdida del conocimiento o síncope. Si la persona se encuentra en el agua y nadie a su alrededor le rescata, la persona morirá ahogada.

-Que ocurra un potente reflejo de inmersión que provoque una arritmia grave o una parada cardíaca súbita, con muerte instantánea.

Las probabilidades de que estas situaciones se den son bajas, pero presentes. Dependerán de los factores propios de la persona (su edad, su temperatura corporal, lo que ha ingerido, etc…) y de los ambientales (la temperatura del agua) para que se termine dando o no.

Entonces, ¿cuándo es recomendable bañarse después de comer?

Depende, la medicina no es una ciencia exacta. Si ha tomado una buena comilona entre pecho y espalda como una fabada asturiana o un cocido madrileño, con sus correspondientes acompañamientos y postres que cuando termine cuesta hasta levantarse de la silla es recomendable esperarse 5 ó 6 horas.

Si por el contrario se ha tomado una ensaladita, un sándwitch o bocadillo ligero y poco más, en una hora, hora y media ya es seguro adentrarse en el agua.

¿Cuáles son las recomendaciones generales para evitar la hidrocución?

Nunca zambullirse de sopetón en el agua, especialmente si antes se ha hecho ejercicio físico o se ha estado al sol y/o el agua está fría. Es recomendable introducirse poco a poco en el agua para que el cuerpo se vaya acostumbrando.

Esperar, tras haber ingerido alimentos, un tiempo prudencial para bañarse según lo que se ha ingerido y su cantidad. Salvo potentes comilonas, en general un tiempo de espera de 3 horas suele ser más que suficiente.

Tal vez nuestros progenitores no supieran muy bien que era eso del corte de digestión pero, sin duda, sus recomendaciones estaban bien justificadas. La lástima es que no tuvieran tan en cuenta la recomendación de no zambullirse directamente en agua fría tras haber hecho ejercicio físico, algo que se suele dejar bastante de lado y es muy importante